Dolce Inferno PdE 19
Por fin puedo subir el trozo que faltaba para que comenzase el entrenamiento. Iba a ser más corto pero al final lleva un fragmento muy importante que no pensaba incorporar así que no os quejaréis xD
No sé si el cambio a primera persona en los capítulos de Caín queda bien, pero esque los suyos me quedan mucho mejor así que cuando intento escribirlos en 3ª persona. Espero que os guste. Os dejo una imagen que encontré en deviantart que me recordó a Caín e Ireth.

La lluvia caía sobre Enoc como una cortina de cristal. Caín podía ver el rostro de incertidumbre de la semidemonio reflejado como en un caleidoscopio sobre las pequeñas gotas de la ventana. La situación no parecía haberse calmado tras su regreso.
—¿Por qué has hecho eso?
—Allí estábamos en peligro.
Ireth se volvió lentamente. La pintura de su cara se había corrido dejando lucir fragmentos de piel perlina.
—¿Lo sabías? ¿Sabías que me llamaba Selene?
—Te vi morir… Vi como susurrabas tus últimas palabras a un ángel que no paraba de gritar tu nombre… ¡No me mires así! ¿Qué importa eso a estas alturas?
—Porque me lo has estado ocultando, ¿cómo voy a poder confiar en ti?
—Con todo lo que he hecho por ti…—le estaba costando hablar. Estaba furioso y no sabía con quién, pero no quería tomarla con ella—. …¿Cómo puedes decir eso?
—Es lo que me estás demostrando, Caín.
Él, por toda repuesta, dio media vuelta y se dispuso a abandonar la estancia.
—¿A dónde vas?— cada vez entendía menos a aquel hombre.
—A dar la orden de que se preparen. Si vienen a por ti tendrán que enfrentarse a mí.
Fue a extender un brazo para abrir la puerta, sin embargo, descubrió que su cuerpo se había quedado congelado en el espacio-tiempo.
—Si haces eso llamarás más la atención. Al fin y al cabo ellos no saben quien soy yo. Además, ni siquiera has sido capaz de protegerme, ¿cómo piensas hacerlo ahora?—esas últimas palabras las pronunció en un tono casi inaudible, como para ella misma, pero él las escuchó igualmente.
Fueron suficientes para derrumbarle. Palabras acusadoras, pero verdaderas. Ireth se percató del error que había cometido. Quizás se estuviese pasando de la raya, pero es lo que sentía y no pudo reprimir sus impulsos.
—Lo siento…la culpa fue mía por no saberme defender…es solo que si no me hubieras dejado tanto tiempo sola…
Juntó sus manos y sopló suavemente. Del dulce aliento que desprendía por sus labios, surgió una brisa de polvos azulados y plateados que rodearon a Caín. La parálisis desapareció y el liberado se acercó lentamente hacia ella.
—Ireth…se lo haré pagar, te lo juro. Ahora que tengo el poder suficiente haré que se arrepienta por toda la eternidad de haberse atrevido a tocarte.
—Y mientras me volverás a dejar sola. ¡Yo no quiero que vayas vengándote por mí! Lo que quiero es que estés a mi lado…
Era lo que siempre había querido decirle, pero no parecía entrar en razón. Se lo había dejado claro en varias ocasiones y el insistía en alejarse de ella. Ya no sabía si merecía la pena insistir.
—A veces parece que lo único que te interesa de mí son mis habilidades—continuó hablando—. Te empeñas en mantenerme encerrada, oculta… como un objeto. Un objeto valioso, pero un objeto.
—¿Cómo un objeto?—<< ¿Qué he hecho mal? >>—Serías un objeto si me hubiese acostado contigo a la primera de cambio, como con todas las demás.
—¿A la primera de cambio? ¿Cuántos siglos han pasado desde entonces?
—Muy bien, lo que quieres es que te trate como a una cualquiera, ¿verdad?
La alzó sosteniéndola sobre sus brazos y la depositó sobre la cama.
—¿Qué pret…?— le selló sus labios con su dedo índice.
Se colocó sobre ella, aplastando su pecho contra el suyo. Las rosas son rojas, el cielo, azul y la lluvia es húmeda. Hay momentos en la vida que simplemente no se van a volver a repetir. Cuando el tiempo deja de existir, cuando todo se torna silencio y lo único que se escucha son los latidos del ser que llevas amando toda tu eternidad, cuando su pulso se sincroniza con el tuyo, lo comprendes. Comprendes que naciste para vivir aquel momento. El problema surge cuando la oscuridad de tu corazón congela esa pasión. Ireth había logrado derretirlo un poco haciendo que las primeras gotas resbalasen por el iceberg. Ella era el foco de calor que ablandaba el hielo. Sin embargo, la humedad empaña los cristales y a pesar de esa aparente coraza de diamante, el interior de Caín era frágil, frágil como el cristal.
Caín se detuvo de golpe permitiendo que su oscuro cabello resbalase sobre su rostro, ocultándolo de la mujer que yacía bajo él.
—¿Caín?—gimió débilmente Ireth.
—No puedo hacerte esto…a ti no…
La voz le temblaba, al igual que su cuerpo. La joven podía sentirlo.
—Caín…
—Tengo demasiadas cosas que hacer. Necesito ver a Amara.
Y dicho esto, se incorporó mientras se recomponía y se marchó, abandonándola una vez más. Ella permaneció inmóvil, tendida sobre el colchón, con el pulso aún acelerado y el nombre de ese ángel resonando en su mente. Pudo apreciar el graznido de Claudia, el cuervo de él, y después un leve aleteo. Su presencia se iba disipando y cada vez era más consciente de que se había vuelto a quedar sola.
Abandoné Enoc lo más rápido posible. Esta situación ya me estaba inquietando demasiado. Con lo fácil que sería dejarme llevar… Lo siento Ireth, de verdad, pero es todo lo que puedo hacer por ti. Cuando vuelva a ver a Areúsa haré que me de el poder que obtuvo por comer del cuerpo de Lucifer, y entonces podré transformarte en un demonio completo. Hasta entonces tendrás que esperar…pero ya queda menos. Y también queda menos para mi venganza. Ahora que repasaba todo lo que había acontecido más tranquilamente ya me sentía mejor, como que volvía a tenerlo todo controlado. Hasta ahora todo había salido bien. Areúsa lo había hecho perfectamente. Me pregunto qué pensarán en el cielo cuando escuchen el nombre del nuevo señor oscuro. No pude evitarlo, aquella situación me hacía recurrir a retorcidas ideas. Pronto dejarían de ser producto de mi imaginación para convertirse en realidad. Ahora solo cabía esperar que Amara hiciese bien su parte y que Samael no se entrometiese demasiado. Con Metatrón derrotado se acabarán las maldiciones y nadie se atreverá a separarme de Iteth. Entonces juro que no me separaré de ti, siempre que quieras que esté contigo… ¡y si no quieres también! Después de tanto tiempo esperando no pienso dejarla ir. Me da igual que sepa que se llame Selene, eso fue hace mucho, Selene murió ¡murió! Aunque lo de Belial me ha pillado por sorpresa… Hablando de sorpresas, allí estaba Samael en frente mío. Resignado, no me quedó más remedio que aterrizar en el primer tejado que encontré. Claudia se posó sobre mi hombro clavando sus garras sobre mi piel quemada.
—¿Qué quieres ahora?
—¿Ya la has vuelto a dejar sola?
—¿Y por qué no te vas tú con Brella?
—Créeme que me encantaría…
Le miré con la misma mirada de odio que solía dedicarle siempre. Normalmente dejaba suficientemente aterrada a la gente como para que me dejasen en paz por el resto de la eternidad, pero a él le daba igual todo lo que hiciese. Siempre con ese aire de que él hace lo correcto y tratándome como si fuese imbécil.
—¡Ah! ¡Ya lo tengo! Vas a ver a tu ángel. Tienes que contarla que todo ha salido bien…
—¿Para eso has venido hasta aquí?
—¿Qué significa ella para ti?— Preguntó concentrando todo su interés en mi respuesta. ¿Y a él qué coño le importaba?
—Samael, tengo cosas que hacer…
—Respóndeme.
—Es un ángel que no está de acuerdo con las normas de su dios. Es una herramienta útil.
—Ahora vas de íncubo…
—Me sirve de contacto para saber qué es lo que pasa en el Cielo—contesté encogiéndome de hombros.
—Así que puedes entrar y salir a tu antojo de allí. ¿Por qué no me lo habías dicho?
—No había tenido ganas de volver hasta entonces. Además, Metatrón sí que me puede percibir, pero está tan debilitado que no puede hacer nada. De todas formas no me he atrevido a pasar de Zevul…
Esperé que Samael no hubiese percibido lo que pasaba por mi mente en aquellos instantes. No quería demostrar debilidad ante él. Por el gesto que puso me temí que sí que lo había notado.
—Caín, hijo, ¿aún sigues atormentado por eso? ¿Por eso te da miedo volver? ¿Por eso ocultas tu verdadera apariencia?
El aire agitaba fuertemente sus largos cabellos dorados. A pesar de la tormenta que estaba cayendo, él seguía reluciendo, repeliendo el agua como si llevase un escudo invisible que le inmunizaba. ¿Por qué me miraba de esa forma? ¿Por qué me decía esas palabras? ¿No había tenido suficiente ya?
—¡Cállat…!
Pero las fuerzas me abandonaron y las rodillas me fallaron, precipitándome sobe la mojada pizarra. Apenas podía notar los picotazos de Claudia intentando traerme de vuelta, pero yo ya estaba muy lejos, o mejor dicho, la oscuridad me alejaba sumiéndome en ese abismo que me devoraba lentamente.
—Nunca vas a perdonarme, ¿verdad?
Demasiado lejos…
—Comprende que era la única forma de salvar a tu madre, ¡tú la salvaste!
Tan lejanas…
—Yo odio tanto a Metatrón como tú. Confía en mí, juntos lo lograremos.
Imposibles de percibir…
—Brella está más consumida por la oscuridad que tú. Tenemos que ayudarla…compréndela.
…
—No me esperaba que la hija de Belial siguiese viva… Me has sorprendido. ¿Qué clase de hechizo usaste?
¿La hija de Belial?
—Me alegro que por lo menos sus hijos sobreviviesen. Fue el encargo más difícil que me han encomendado.
¿Encargo?
—Cuando me enteré de que había sido ejecutado me entristeció. Solo estaba enamorado…
Ireth…
—Astartea era muy hermosa. No me extraña que la amara.
—¿De qué estás hablando?
—Por fin reaccionas.
Abrí los ojos lentamente. Los escasos rayos de luz que lograban filtrase a través de la densa capa de nubarrones fueron suficientes para traerme de vuelta a la realidad. Me topé directamente con el rostro de Samael que no cesaba de sonreír. Se había arrodillado junto a mí y me estaba retirando el pelo mojado de mi rostro. A mi lado Claudia seguía revoloteando.
—¿Qué es todo esto que estás diciendo?
—¿No sabías la historia de Belial y Astartea?
—Sé que huyeron de Infernalia, pero finalmente les encontraron y les ejecutaron.
—Sí, pero tardaron bastante en ser encontrados. ¿A qué no sabes dónde se escondieron?
—El único lugar en el que se puede amar libremente es en la Tierra…— Seguía lloviendo sin cesar, pero el agua ya no me mojaba.
—Pero sería un lugar demasiado obvio, y es muy pequeña—hizo una pausa antes de continuar—. Decidieron esconderse entre sus enemigos.
—Pero eso no tiene sentido…
—Es una locura, pero Belial siempre ha sido así, muy impulsivo. Claro que los ángeles no les iban a ayudar así que decidieron hacerse pasar por ellos. Convertir la materia oscura en akasha es el mayor reto de un alquimista. Incluso yo no estaba muy seguro de que fuese a salir bien…
—¿Un demonio puede transformarse en ángel?
—Generalmente no, es un riesgo muy grande y suelen morir, pero ellos lo consiguieron ¿Te das cuenta de lo importante que es el amor? Gracias a lo que sentían el uno por el otro lo superaron, incluso alcanzaron un buen estatus social. A veces me avergüenzo de lo idiotas que son los ángeles…tan cerrados que son incapaces de ver la realidad.
—Pero tuvieron que ocultar su relación igualmente…
—Se supieron apañar. Incluso tuvieron hijos. Cuando me enteré que su primera hija había nacido completamente ángel me sentí más satisfecho que en toda mi vida. Mi trabajo había sido un éxito.
—¿De verdad lo fue?
—Bueno, de vez en cuando necesitaban alimentarse de akasha…eso era inevitable, pero supieron hacerlo sin llamar la atención. El problema fue su segundo hijo.
Si no tenía que ver con Ireth ya no me interesaba, pero si me estaba contando todo eso era porque alguna importancia tendría que tener.
—Su segundo hijo resultó un problema, ya que no era un demonio cualquiera. Algunos de nosotros lo notamos también. Belial es descendiente directo de Lilith y Lucifer. Ten cuidado con él, si te descuidas perderás ambas cosas: el trono y a ella.
Todos los aspirantes a pertenecer al coro angelical se encontraban reunidos en la entrada a Vilon, el cielo más bajo. La mayoría estaban bastante nerviosos puesto que llevaban por primera vez una armadura. Algunos presumían de la espada que le había regalado su familia y otros inventaban historias sobre terribles demonios y desgraciados incidentes que les habían ocurrido a los anteriores a ellos. Amara como siempre, se encontraba apartada del resto y sumida en sus pensamientos. Le había estado dando muchas vueltas a la conversación con Raphael. Por lo que había averiguado, los elohim son los ángeles que nacen de otros ángeles. La mayoría solían ser exterminados o desterrados a Vilon. También solían ser utilizados en experimentos. Había intentado encontrar algo sobre aquello en los laboratorios de Raphael, sin encontrar nada. Se había sentido aliviada de que esto fuese así, porque tan solo pensar en eso le producía náuseas. Contempló su vientre completamente liso, que relucía tras una fina capa de tejido transparente. Los elohim tenían ombligo y ella no, por lo que todo seguía si cuadrarla.
Las trompetas angelicales resonaron, quebrando aquella atmósfera de nerviosismo. Serafiel les anunció la llegada de la Inquisición y un grupo de humanos desfilaron alrededor suyo. Todos lucían orgullosos el mismo emblema: una cruz atravesando una tríada y cubierta en llamas. Era el mismo símbolo que habían llevado los perseguidores en Alemania. Recordar aquello provocó que volviese a pensar en Caín. No tenía ni idea de qué había sido de él.
Los inquisidores lucían un aspecto impecable con sus uniformes blancos y rojos. No eran humanos cualquiera, sino los mejores, ya que eran los únicos a los que se les había permitido estar en un lugar sagrado. En cuanto terminó aquel desfile, la que parecía la líder—una mujer muy alta, con la melena a juego con su uniforme— se adelantó y comenzó a discutir con Serafiel. Lo que Amara pudo entender es que habían estado pasando barbaridades en la Tierra y por mucho que habían solicitado ayuda, les habían ignorado por completo. Serafiel lo único que contestó fue que no podían entender las acciones de Dios. La mujer acabó rezando una breve oración y santiguándose. Después, se dedicó a pasar revisión de los aspirantes. Al ángel no le gustaba nada sentirse tan observada. Aquella mujer la inquietaba demasiado. No era común ver a alguien con la melena tan blanca y esos mechones escarlatas destacando sobre ellos. No era la única que la miraba; pudo apreciar por el rabillo del ojo como algunos humanos se quedaban ensimismados contemplándola mientras intentaban disimular su asombro.
Tras ese examen, que no quedó muy claro si la extraña mueca que la Suma Inquisidora soltó era de aprobación, llegaba el momento de conocer a sus profesores. Desde detrás del grupo de ángeles que habían salido a despedirles, aparecieron los dos ángeles que se iban a encargar de instruirles. Amara pudo reconocer fácilmente a Gabriel y a su novia Iraiael. Nathan y los demás también se habían percatado de ello porque Ancel les había dado un codazo. También se había formado el murmullo con risitas tontas procedentes de los aspirantes femeninos al enterarse de que iban a convivir siete lunas con Gabriel.
Los dos instructores se limitaron a presentarse y después se dirigieron a Serafiel, a los arcángeles y a la Suma Inquisidora, y juraron que iban dar todo de sí por convertirlos en unos ángeles dignos de admiración. Les dieron su bendición y se dispusieron a partir. Amara se acercó hacia donde estaban los arcángeles y se despidió de Raphael. Éste trató de animarla y le deseó buena suerte. Todas aquellas adulaciones resultaban vacías de sentido en su mente. Caín y él esperaban grandes cosas de ella. Por eso se había presentado más que nada, porque tras los últimos acontecimientos no estaba muy segura de querer pertenecer al coro celestial. Pudo apreciar como Nathan se despedía de sus padres adoptivos y como le pellizcaba tiernamente la mejilla a una niña pequeña que debía de ser su hermana. Después de que Raphael le revolviese el pelo y tras darle un último abrazo, Amara volvió a reunirse con los demás y se pusieron al borde del abismo. Ese precipicio recibía el nombre de “El acantilado de Kuiper”. Consistía precisamente en un gran abismo sin fin y marcaba los límites de Vilon. Rodeando ese borde estaba la Puerta Celestial y todo aquel que la cruzase, caería al espacio infinito. La atravesaron.
CONTINUARÁ
(1)El acantilado de Kuiper es el nombre que le dan los científicos a la parte más alejada del Cinturón de Kuiper.
Es una incógnita que ha dado quebraderos de cabeza durante años. La densidad de objetos en el Cinturón de Kuiper decrece drásticamente, de ahí su nombre de acantilado.
La explicación más lógica sería la existencia de un planeta con una masa suficientemente grande como para atraer con su gravedad a todos los objetos de su órbita. Ese supuesto planeta recibe el nombre de Planeta X.
Hasta la fecha, nadie ha aportado ninguna prueba de la existencia de tal planeta o de alguna explicación para este fenómeno.(definición sacada de la Wikipedia)
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