Comadreja en ....¿Apuros?
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Estos personajes en su mayoría no son míos. Casi todos pertenecen a Nobuhiro Watsuki, Sony y Shueisa. Este es mi primer fanfiction, así que ya saben mandadme sus opiniones. La verdad es que la idea del fic no es completamente mía, si no que una parte del argumento está inspirada en otro fanfiction. Sin embargo, esta redactado nuevamente por mí, además cuenta con diferentes voces, así puede verse los sentimientos de los personajes en el proceso y avance de la historia. No recuero de dónde era la idea original del conflicto que usaré en este fic (No lo digo para no hacer spoiler) ni tampoco recuerdo el nombre de su autora, así que pido disculpas por eso, pero también agradezco la inspiración que esta me ha dado con su idea. Gracias por leer y cualquier sugerencia y comentario por favor reenviármelo a mi correo: withthevampires@hotmail.es
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Misao - ¡Ah! ¡Es que me pone ansiosa esperar!
A veces me resultaba difícil el notar que la espera había acabado, ya que juraría que por momentos había sido eterna. Ahora mis ojos estaban contra sus ojos, mis manos con sus manos, mis labios con los suyos…O eso deseaba. Por lo menos, el umbral físico que nos separaba era mucho menor y no perdería la fé en ello, estaba más cerca de confesar mis sentimientos porque lo más difícil estaba cumplido.
Aoshi estaba en casa.
Ese día, tiempo después de la última batalla que él y Himura desataron contra Shishio, Aoshi prometió que se quedaría en Kyoto para siempre, sin la necesidad de volver a portar un arma, pero con la condición de meditar tanto como lo necesitara para su propia paz mental. Tal ves no podría entender cuánto peso y dolor con llevaría los años de lucha, al igual que Himura, pero la verdad era que atesoraría cada día como el último y el primero.
Le pregunté a Okina sobre el paradero de Aoshi ese día, había salido temprano en la mañana y no había vuelto pasado aún, incluso pasado el medio día, ya comenzaba a preocuparme, ¿Es que planeaba vivir en el tempo o qué?
-Va a llover, probablemente él no vuelva hasta pasada la lluvia.- Me dijo el abuelo, afirmando que pronto llovería aunque no torrencialmente.
Salí corriendo para tomar un paraguas que estaba junto a la puerta.
-¿Vas a ir a buscarlo? Déjale volver solo, Misao.- Comentó Okina desde otra parte de la casa, pero no me importaba qué dijera.
-¡Vuelvo más tarde!- Finalmente dije tras cerrar la puerta de la casa con el paraguas en mano.
Después de todo ya comenzaba a volverse costumbre, yo siempre lo iba a buscar para caminar un rato junto a él. Todo había sido así desde entonces.
Charlas tranquilas, con temas comunes, o por lo menos relajantes.
No me tomó mucho tiempo llegar al templo, aquél lugar donde Aoshi pasaba la mayoría del tiempo purificando su alma…Aquella que para mí, brillaba aunque estuviese manchada de sangre.
Esperé un rato en la puerta para no interrumpir ni alarmar a los posibles monjes allí. Sin embargo, cuando comenzó a llover, tal y como el abuelo me lo había anticipado, cosa que no era del otro mundo dado que las espesas y negras nubes tapaban casi en su totalidad a Kyoto desde la noche anterior anticipándonos, no tuve más opción que entrar a la entrada del lugar. Había largos pasillos hacia ambos costados y un patio significantemente grande en el medio, y justo del otro lado, un gran salón. Supuse que allí estaría Aoshi.
Cuando crucé el decorado patio, abrí la puerta de la majestuosa sala con cuidado de no hacer demasiado ruido. Efectivamente él estaba allí, en posición de meditación y en silencio, con sus ojos cerrados, hasta que entré allí, claro, y me miró fijamente.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó en voz neutral, no podría distinguir su estado de ánimo en ella.
-Estabas tardando mucho.- Le contesté en igual ímpetu para no desentonar. –Lamento interrumpir, Aoshi-san.-
Él se mantuvo en silencio mientras cerraba la puerta del lugar, sentándome junto a ella en la espera de que terminara. Sin embargo, a penas dejé en un costado el paraguas, él se levantó.
-Ya he terminado.- Su rostro se veía sereno, sin disgusto ni felicidad. Asentí con la cabeza y me levanté tan o más rápido de cómo me había sentado. Tomé el paraguas y fui la primera en salir por una obviedad de proximidad a la salida. Le esperé en el pasillo, no tardó mucho en salir de allí, en silencio, como acostumbraba a hacerlo.
Caminamos juntos por el pasillo hacia la salida y cuando salimos del templo le di el paraguas, después de todo para eso lo había traído. Siempre en silencio hasta que le ofreciera el abrigo contra la lluvia.
-Toma, lo traje para ti.- Aoshi bajó la mirada para alcanzarme con ella. Se quedó mudo unos segundos y tomó el paraguas, abriéndolo para resguardarnos de la lluvia.
-¿Estás molesto? Disculpa haberte interrumpido…- Me disculpé algo avergonzada, pero no podía evitar actuar de forma tan impulsiva, especialmente cuando se trataba de él.
-Supongo que me tomé mucho tiempo para no haber avisado.- Respondió sorprendentemente él, juraría que se había quedado mudo por un momento. Sin embargo su voz continuaba siendo neutra, y su vista solo se fijaba en el camino.
Di dos pasos hacia delante, saliendo del umbral protector del paraguas que Aoshi llevaba para así quedar parada delante de él, e incluso si la lluvia me empapaba, la alegría invadió mi cuerpo para obligarme a esbozar una dulce y fina sonrisa, impulsiva como yo suelo serlo. Negué con la cabeza, él no me debía explicaciones.
-En realidad, yo estoy ansiosa cuando no estas cerca, por eso vine.- Confesé, mirando a un lado, me aterraba ver qué expresión ponía ante este comentario. Aún así no borré la sonrisa, el único signo de esperanza en mí. Tal ves su gesto no fue de horror, tal ves solo fue neutra, como siempre. Pero prefería no verlo antes de aceptar el rechazo.
Me quedé quieta en mi lugar y tampoco moví la mirada del punto perdido hacia el costado del camino. Él se acercó a mí, supuse que para taparme con el paraguas de la lluvia.
Sentí sus cálidas manos sobre mis hombros, y cuando alcé la vista pude verlo poniéndome el abrigo que él llevaba.
-Te enfermarás si andas mojada y desabrigada.- Dijo con gesto algo más cálido, protector, como si yo no hubiera dicho nada relevante. Sentí un leve alivio por eso. Por lo que, al menos no le había molestado. Me acerqué a él para seguir caminando a su lado hacia el Aoiya.
Recordé entonces que tenía que contarle sobre el sobre que había llegado a la mañana, no sabía si le pondría feliz pero visitas de vez en cuando no venían mal.
-Aoshi-san…Hoy temprano, cuando no estabas, llegó una carta desde Tokio.-
-¿De Kenshin?- Preguntó en voz firme mientras no apartaba la vista del camino.
-Si, de Himura, bueno, más bien de Kaoru. Ellos vendrán en unos días para el festival de aquí.- Le expliqué la noticia, pero el solo dio una leve y tenue sonrisa, casi invisible. Pero yo pude percibirla.
La lluvia comenzaba a cesar mientras nos adentrábamos en la ciudad. La gente comenzó a aparecer por las calles, el ruido de esta se agrandaba, nuestro destino se iba a cercando y mi rato a solas con Aoshi terminaba poco a poco. No había sido un gran avance pero si le había dado una indirecta, o por lo menos recé para que así lo tomara, si él continua viéndome como una niña, iba a tener que ser muy explícita y no estaba segura de poder serlo.
Okina – Fantasmas del pasado.
No creí que esto fuera a suceder. Sinceramente, creí que esto había quedado en el olvido, que si quiera era relevante para comentar, realmente había sido olvidado por completo, por lo menos para mí así fue. Ahora todo era tan desastroso, ¡Mi pequeña Misao! ¿Cómo detendría lo inevitable? Debía haber algún modo.
Esa mañana Misao se puso muy activa tras desayunar, como solía hacerlo tras rezongar un rato por levantarse en la mañana, a nadie le agrada madrugar pero es necesario hacerlo. Era tan alegre, tan vivaz, ella era un signo de esperanza, por lo menos para nosotros, para nuestro clan.
Omasu nos avisó que una carta había llegado, y antes de que pudiera llegar a la puerta donde ella se encontraba, Misao ya tenía la carta en manos.
-Una carta desde el dojo Namiya!- Gritó deliberadamente alegre, ¿Así que Kenshin y la señorita Kaoru nos escribían? Misao nos dijo que ellos vendrían a vernos pronto, lo cual fue una agradable sorpresa.
Luego me interrogó sobre el paradero de Aoshi, como siempre, casi olvidando o ignorando la visita de los de Tokyo, pero ella ya sabía que él se habría ido a meditar. Era un día más en nuestras vidas, la vida que hacía unos meses se había establecido desde que nuestro ex Okashira había vuelto, desde que Misao parecía haber recuperado las esperanzas sobre su adoración, desde que la paz era algo cotidiano. No podía pedir más al respecto.
La niña salió corriendo, intenté detenerla para que Aoshi pudiera meditar tranquilo, pero ella no me escuchó, o escuchó lo que quiso, porque cuando le comenté que llovería, tomó un paraguas y finalmente se fue energéticamente.
Omasu se acercó nuevamente, pero su rostro había cambiado. Su gentil gesto había desaparecido y me alarmé por un momento. Mostraba un tono de preocupación en sus movimientos y no logré comprender qué sucedía.
-Okina-san…- Susurró en un hilo de voz como si se hubiese quedado casi muda.
-¿Qué sucede, Omasu? ¿Estás bien?- Le pregunté preocupado.
-También hay otra carta, acabo de verla. Y no sé si se tratará de una broma o qué pero lee el sobre.- Me mostró el sobre, dónde muy claramente decía:
“Para mi prometida, Misao Makimachi.”
Me quedé en blanco por completo, incluso creí que me descompensaría y moriría allí mismo. ¿Pero qué era esto?
-Okina, ¿Qué es esta carta? ¿Sabes algo?- Me interrogó al notar mi preocupación repentina.
-No creí que esto en verdad fuese a pasar…- Murmuré para mí mismo, pero ella me escuchó.
-¿Qué cosa? ¿Debo darle esta carta a Misao?-
-¡No!- Exclamé. –De ninguna manera…Déjame leerla.- En silencio la mujer me dio el sobre, el cual abrí lentamente para leerlo.
“Querida Misao:
Puede que no me conozcas, aún, pero yo soy tu prometido, Shiratori Naoki. He de suponer que eres conciente de nuestro compromiso. Si no lo sabes, pues no hay mucho qué explicar, solo debemos casarnos para mantener el trato entre clanes ninjas, como nuestros padres lo acordaron.
Te visitaré en un tiempo, aunque de momento me encuentro fuera del país. Cuando vuelva iré por ti para desposarte, ya no eres tan pequeña, ¿O no? Debemos aprovechar tu juventud.
Espero que estés tan emocionada por esto como yo lo estoy.
Naoki”
Cuando terminé de leer la carta, la apreté en mi puño, Omasu continuó mirándome perpleja, obviamente sin comprender qué pasaba. Suspiré, intenté relajarme y procedí a explicarle mientras mi mente volvía a aquél momento…
Flash back:
La noche era bastante oscura en la ciudad y la luz de la luna no ayudaba mucho para mejorar la visibilidad de las personas que estaban reunidas bajo un árbol, quienes se fijaban la mirada constantemente, entrecerrando sus ojos a modo de especular una posible traición y rodeados completamente de guardias de ambos clanes, esperando el ataque de la persona que tenían en frente, procedió el acuerdo aún si la desconfianza tensionaba el ambiente.
Un hombre, el cual llevaba vestimentas características del Oniwabanshu, se giró a su derecha para acariciar a su esposa y luego depositar sus ojos en el pequeño bulto que llevaba entre sus brazos, acercó sus labios al pequeño ser que había y besó su frente. -Mi pequeña ángel… -Murmuró con cariño hacía la criatura. El otro hombre que estaba en frente a él gruñó ante esta actitud cariñosa hacía su primogénita y carraspeando fuertemente, atrajo la atención del ninja gentil.
-¡Veamos Makimachi, no tenemos tiempo para muestras de cariño!- Le recriminó en tono molesto. -Ya sabes por que estamos aquí, así que no te retrases.-
Makimachi entrecerró su mirada y curvó sus labios, no le gustaba nada esa tradición tan antigua y llena de injusticias, pero no veía otra solución para el mal que había en su ciudad. Él se había reunido con su enemigo mortal para hacer frente a esa tradición, juntar en matrimonio a los dos hijos de los clanes de ninjas más poderosos de Japón para que se unieran en uno y marcaran un nuevo destino para la vida de todos. Apretó con fuerza sus puños al ver la mirada victoriosa de su enemigo, iba a decir algo cuando notó como alguien colocó una mano en su hombro, le miro por el rabillo del ojo y sonrió con tranquilidad, allí estaba su mejor y fiel amigo, el mejor ninja de todos los tiempo y la gran felicidad que le inundaba al saber que era de los suyos.
Detrás de Makimachi había un hombre alto, con los cabellos puntiagudos a cada lado de su cabeza, con un enorme bigote y una sonrisa irónica.
-¡Okina-san me alegra saber que has podido venir! –Exclamó con felicidad. -Siempre estaré contigo, Makimachi.-Le aseguró en un susurro. -Además es un honor.- Su rostro se ensombreció -Aunque presiento que esta solución no le está gustando nada.- Comentó algo resignado.
Makimachi agachó su rostro ante esa veracidad de palabras, no quería ni pensar en el cruel futuro que le había impartido a su hija. Desvió su mirada y vio como su esposa se colocaba a la pequeña en su mejilla y la acariciaba, aunque también veía que sus ojos estaban lacrimosos. Bufó con desgana. La guerra sucesiva que había entre los dos bandos estaban consiguiendo mermar la supervivencia de todos los miembros de ambos clanes y una unión matrimonial supondría el final de esta cruel batalla. Odiaba pensar eso, pero cuando su hija se hiciera mayor debería unirla a alguien sin que el sentimiento de amor interfiriera en esa relación. El otro hombre chasqueo los dedos y atrajo la atención de ambos ninjas clavándole la mirada como puñales, de forma fría y especuladora.
-¿Cuánto tiempo vas a esperar, Makimachi? -Le preguntó con rabia. -La noche es fría y hay que resguardarse de ella, así que no pierdas el tiempo con pensamientos cariñosos y firma el pacto. -Inclinó su rostro para mostrar una sonrisa cruel -¿O es qué no le gustaría ver a su niña con mi hijo?- El Oniwabanshu gruñó y meneó la cabeza ante esa pregunta.
-Debería estar honrado de que acepte a su hija como pacto- Explicó el hombre con superioridad. -Por que mi hijo se merece a otra ninja capaz de atraer la atención de cualquier ninja, aunque...- Desvió su mirada al bulto que llevaba la Sra. Makimachi. -Puede que de mayor sea aceptable.- Sonrió lascivamente.
-¡Mi hija es digna de cualquiera!- Alzó la voz Makimachi molesto, copiando el tono de superioridad del otro hombre. -Es tu hijo que debe sentir ese honor.- Okina tenía las manos en sus kunais listas para atacar ante el menor síntoma de rebelión.
-Shiratori, no seas prepotente y acaba con esto.- Comentó Okina seriamente, intentando poner fin a la discusión. El arrogante hombre comenzó a jugar con la punta de su bigote al escuchar el mandato de Okina. Makimachi asintió a las palabras de su amigo y volvió a mirar a su pequeña, ojala hubiera una manera para impedir esto, pero la vida de todos sus hombres dependían de este pacto. Ahora mismo se odiaba terriblemente, mas no veía otra solución.
-Acepto el pacto Shiratori.- Habló Makimachi ante la satisfacción de su enemigo.-Pero quiero una cosa a cambio.- Agregó con serenidad inesperada en el rostro.
-¿De qué hablas?- Preguntó Shiratori con desconfianza. -Es un pacto auténtico y podrá beneficiarse todos los miembros de nuestros clanes- Vio la mirada de determinación de Makimachi y bufando con rabia. -Está bien ¿De qué se trata?-
-Solo aceptaré el pacto si en un futuro próximo algún hombre reta a su hijo por la mano de mi hija, si ese joven vence a su hijo el pacto será nulo y podrá reclamarla como su prometida, pero si lo gana...habrá matrimonio entre los clanes tal como lo acordamos.-
Shiratori se llevó las manos al mentón y comenzó a pensar en esa idea, no le gustaba nada pero no debía confiarse y aceptarla, tenía toda la niñez y adolescencia de su hijo para hacerlo el mejor ninja de todo Japón y así no salir perdiendo ante nadie. Emitió una sonrisa confiada y agregó. -Aceptó el trato Makimachi pero ahora pondré la mía. -Dijo para la curiosidad y sorpresa de los Oniwabanshu. -Para que tu hija se case con su "salvador" tendrá que ser un ninja, de otro modo el reto no tendrá validez. Después de todo este es un trato entre ninjas, otro rango no tendría sentido, ¿No crees?- Se sonrió ganador. Sin embargo, había trato.
Tanto Shiratori como Makimachi estrecharon las manos en señal de acuerdo ante ese pacto. Y en el interior del ninja, estaba la esperanza ciega de que algún ninja impediría que su hija se uniera con ese niño. Solo debía vivir para lograrlo, o asegurarse de que alguien más lo hiciera.
Fin del Flash back.
Aquellos recuerdos que ahora parecían demasiado lejanos y borrosos resurgieron en mi memoria, pero no lograba entender cómo algo así de absurdo luego de tanto tiempo pudiera tener vigencia alguna. Omasu, ahora mismo parecía un muerto de lo pálida que se encontraba. Le rogué que no le comentara nada a nadie, primero debía pensar qué hacer y luego comentarlo a los demás. Todavía tenía una semana o más para pensarlo…
Intentando olvidar el asunto, el día transcurrió como de costumbre, con tranquilidad.
Finalmente Aoshi llegó con Misao, pude escuchar el ruido de la niña al entrar y el sonido ausente del hombre. Él debía saberlo.
Esperé que Misao se fuera a hacer algo, por suerte Okon la llamó a ella y a Omasu, probablemente para hacer otro intento de que Misao cocine.
Me dirigí directamente a la habitación de Aoshi, sabía que probablemente solo iría allí. Toqué la puerta algo nervioso, agh, pero es que esta sensación acabaría matándome.
-¿Quién es?- Preguntó Aoshi en voz fuerte pero calma.
-Soy yo, Okina… ¿Puedo pasar un momento? Debo hablar contigo de algo…Importante.- Expliqué haciendo énfasis en la última palabra. Él no contestó, abrió sorprendentemente la puerta haciéndome pasar y así lo hice. Una vez que me senté en el piso junto a su futón al igual que él, procedí.
-Tal ves no estés directamente relacionado, pero creo que como…- Me tomé un momento para pensar cómo referirme a él en conexión a Misao de forma correcta, no podía delatarla si ella aún no había hecho frente a lo que sentía por él.
-Como tutor de Misao, deberías saber.- Concluí entonces.
-¿Qué hay con ella?- Preguntó ahora con un gesto algo más curioso.
-Hace mucho tiempo…Incluso cuando tú aún eras un niño, para que el Oniwabanshu tuviera menos conflictos internos entre clanes, un acuerdo fue firmado, comprometiendo a Misao con otro chico, del cual, a decir verdad, sé poco y nada.- Suspiré, cerrando los ojos a modo de demostrar mi disgusto al asunto. –Ella ni siquiera lo sabe…No es que quisiera ocultárselo, no lo mal interpretes.- Me exalté un poco. –Sucede que entre tanta guerra, casi aseguraría que ese clan había muerto poco tiempo después del acuerdo, y como jamás aparecieron de nuevo, pensé que eso era un hecho.-
Miré el rostro de Aoshi fijamente, él estaba tan duro y frío como una roca, no comprendía qué pasaría por su mente, no sabía si estaba feliz o triste. Seguía siendo un misterio para cualquiera que quisiera acercarse y saber de sus sentimientos. Estaba seguro de que la única que había visto una sonrisa dedicada había sido Misao. Por eso ella, aún merecía la oportunidad de elegir con quién casarse.
-Yo ya no peleo, Okina, no puedo ir a matarles.- Me respondió tras unos segundos de silencio absoluto entre ambos. Fruncí los labios algo divertido por este comentario. Era claro que él no lo había entendido.
-No te estoy pidiendo eso, solo te comentaba…Nadie más que tú y Omasu lo saben…Buscaré alguna solución.- Me levanté de mi posición de charla para darle fin a esta.
-¿Entonces qué se supone que hagamos? Ella debería elegir qué hacer.- Dijo de forma algo dura, o tal vez distante, pero en su gesto podía leer la preocupación.
-La única solución por ahora es la que quedó acordada entre los padres de estos chicos.- Me acerqué a la puerta. –Otro hombre debe retar al prometido y ganarle la batalla para así, el ganador tomar a Misao como prometida.- Miré a un lado, nuevamente desaprobando el asunto.
-Que alguien lo haga, ¿Qué tan fuerte puede ser un niño?-
-Bastante, Aoshi, su padre lo ha entrenada toda su vida para este momento…- Le expliqué el porqué el peligro.
-Además...- Suspiré. –Solo puede ser un ninja.- Le fijé la mirada unos segundos, y sin decir más nada, salí de la habitación. Tal vez él tendría mucho que pensar…
Aoshi – Replanteo.
Por momentos parecía demasiado difícil seguir viviendo con el cargo de conciencia. Por las noches ya no podía dormir, solo oía las voces de aquellos a quienes había arrebatado la vida. Las súplicas de aquellos que no estaban a mi altura de pelea, pidiendo que no les mate. Pero todo había tenido un propósito, ¿No es así? Todo era por vengar a mis compañeros Oniwabanshu, era todo por proteger aquellos que aún estaban vivos, aquellos que aún tienen tanto por vivir. Ese era mi trabajo como líder. Se suponía que llevase esa responsabilidad.
La única forma de consultármelo a mí mismo, de conseguir algo de paz mental y encontrar respuestas por más mínimas que fueran era meditando. Puede que no me alcanzara la vida para expiar mis pecados, pero debía hacer algo para no vivir atormentado para siempre.
Esa mañana me fui temprano, casi en la madrugada, hacia el templo, donde me dediqué a despejar mi mente por tiempo indefinido, esto se había vuelto una costumbre desde había vuelto de la batalla con Shishio. Nunca más debía portar un arma para mal ni por venganza.
El tiempo allí se pasaba de forma indiscriminada, no tenía conteo real de cómo pasaban las horas, ni de cuánto tiempo pasaba allí.
Llegaba un punto en el que me veía interrumpido por la aparición de Misao, y era entonces cuando suponía que me había pasado medio día o más allí encerrado.
Y si bien el liberar mi mente y pensar era algo necesario para mi existencia ahora, también estaba en deuda con la niña. Me había perdido muchos años de su infancia. Casi no la había visto crecer, el Oniwabanshu era la única familia que le quedaba, y como Okashira debía estar presente en eso…Sin embargo, no podía exponerla al peligro que significaba.
Por eso nunca la hacía volver a casa cuando iba por mí. Simplemente volvía con ella, aunque las conversaciones no fueran gran cosa ya que mi mente siempre vagaba en otros temas, ajenos a cualquier cosa que una chica adolescente podría pensar.
Así fue ese día, aquél que parecía ser uno más en nuestras vidas, pero que fue el comienzo de un cambio que no vi venir.
A pesar de que las conversaciones con Misao no eran nada serias ya que tal ves no prestaba la atención necesaria, notaba como se sonrojaba o avergonzaba con facilidad en los comentarios que hacía, siempre creí que la fama de líder infundía una especia de admiración en las mujeres, o que estas reacciones así como comentarios eran producto del respeto que me tenía como un hermano mayor, quién había cuidado de ella cuando era solo una criatura, pero para mí eso es algo totalmente frívolo. Probablemente tan frívolo como yo.
Ah, pero ¿Qué podría esperarse de alguien que fue espía y asesino?
Ese es el trabajo de un ninja, no podía hacer más al respecto. La posibilidad de tener una vida normal como un hombre había quedado muy lejana para mí. Yo no sería un hombre que experimentaría sentimientos como el amor, celos, la paternidad, o lo que fuese. Yo solo podía llevar la responsabilidad del clan, y eso era lo que yo había elegido. La venganza de mis compañeros había consumido muchas vidas en el transcurso y ahora, debía expiarlo el resto de mi vida. También así lo había decidido. No había lugar para los sentimientos. Talvez, solo talvez, para el remordimiento.
Cuando llegamos al Aoiya fui directamente a mi habitación, pero Okina irrumpió allí para darme una noticia que no logré entender de inmediato. La chica bajo mi tutela iba a casarse, y con un extraño. Me quedé sorprendido sin duda alguna, pero ¿Qué se supone que hiciera? Puede que como es un asunto relacionado al Oniwabanshu debiera tomar cartas en el asunto, pero… Un tema como el casamiento es más sentimental y cosas de mujer que negocios y treguas.
Sin embargo, muchas preguntas saltaron de repente, dejándome el shock. ¿Cómo sería la vida sin Misao? ¿Cómo vivirían en el Aoiya sin ella? ¿Quién me iría a buscar al templo para avisar que es hora de comer? Por que para bien o para mal, era un miembro importante, de presencia fuerte, era la esperanza del clan para muchos, como una pequeña hermana para mí, una responsabilidad.
Apenas Okina cerró la puerta de mi habitación, sentí que me desmoronaba, como si mi cuerpo se separara de mi alma, cayendo sobre el futón abatido.
Los días pasaban, y ahora mi mente tenía otro tema circunstancial que tratar en mis largas horas de meditación. Poco a poco comencé a ponerle algo de atención a las palabras de la niña ya que tal vez luego no las oiría. Pero el solo considerarlo me irritaba.
-Aoshi-san…Últimamente te ves algo ausente, ¿Estás bien?- Me preguntó una tarde mientras volvíamos del templo como siempre, con expresión de preocupación. Me sentí algo confundido por su rostro, tras tomarme unos segundos para responder, fijé la mirada en ella, y no lograba encontrar los rasgos de la niña que abandoné hace años. Si bien era la misma, era diferente, era más adulta.
-Si, estoy bien.- Le respondí en el mismo tono sereno de siempre.
-Me preocupa, así que si sucede algo y puedo ayudar solo dímelo.- Me respondió de inmediato. Me sentí sorprendido nuevamente, por lo que la miré y sus gestos eran tan felices, la sonrisa inocente en su rostro no se borraba.
Debería dejar que ella se casara como su padre lo había acordado, después de todo eso era lo que él había querido. No tenía nada que ver conmigo. Yo podría seguir meditando, talvez no sabría cuando me había pasado un día entero haciéndolo pero era lo de menos.
No podía dejar que eso me irrite, menos cuando siquiera sabía porqué.
¿Acaso era culpa? ¿Podría ser que me sentía culpable por la ausencia durante su crecimiento?
Los siguientes cuatro o cinco días transcurrieron repitiendo la rutina diaria, solo que cada día iba más temprano de lo normal al templo.
Mi mente ya no me dejaba pensar sobre el pesado, me preocupaba demasiado el futuro.
Cada momento que pasaba junto a la chica en cuestión me confundía más. No era justo que fuera a ser alejada de mí cuando no había saldado mi deuda con ella. Necesitaba más tiempo para conocerla, para llenar el vacío familiar que dejé al alejarme cuando era pequeña. Debía aprender más sobre lo que había vivido ese tiempo, debía apreciar su crecimiento. No podía darme el lujo de más culpas que saldar, no quería sentir remordimiento por más errores, simplemente no podía cometer más errores.
Pero… ¿Cuánto tiempo tenía para remediar la ausencia? Ella estaba creciendo constantemente, ¿Cuánto tiempo faltaba para que alguien la pretendiera? Incluso si no era a la fuerza, era algo que en el mundo real ocurre, talvez no en el mío, pero era algo inevitable.
Finalmente llegó Kenshin junto a Kaoru, Yahiko y Sanosuke. Nos reunimos en el Aoiya para el reencuentro, dado que no venían muy seguido parecía ser un motivo de celebración para los demás. Kuro y Shiro se apresuraron a preparar el lugar, mientras que Okon y Omasu enseguida se pusieron a preparar la comida con la ayuda de Kaoru, Misao también les acompañó.
-¡Aoshi! ¡Cuánto tiempo!- Exclamó el pelirrojo saludándome con la mano, siempre con esa expresión de inocente felicidad que usaba cuando no peleaba.
-Igualmente, Kenshin. ¿Cómo has estado?- Pregunté dibujando una fina sonrisa en mi rostro amablemente.
-Bien, la verdad es que hemos estado tranquilos en Tokio. ¿Tú cómo has estado? ¿Hay algún evento importante últimamente por aquí?- Mantenía su tono vivaz.
-De hecho…Si, pero me gustaría comentártelo en privado.- Bajé la vista algo preocupado. Okina estaba a escasos pasos de nosotros, por lo que al escucharme su cara se volvió alerta y agregó.
-¿Estás seguro, Aoshi?- Me interrogó. Le miré con serenidad y asentí con la cabeza. Si había alguien que probablemente podría aconsejarnos qué hacer o cómo convencer al clan de que este compromiso ya era algo inútil seguramente era Kenshin.
-¿Oro?- Exclamó el espadachín algo confundido, le devolví la mirada y entonces le invité a pasar a la casa.
-Mejor te lo explico ahora. Ven.- Me di la vuelta, guiándole a mi habitación, dónde podríamos hablar en privado.
Una vez allí, me senté en el piso, sobre el pasillo que daba al patio. Kenshin me acompañó y se sentó al lado mío.
-¿Es grave?- Preguntó ahora más serio. Asentí con la cabeza algo confuso.
-En realidad no estoy seguro.- Expliqué. –Sucede que hace años, los padres de Misao la han comprometido con un ninja de otro clan, nadie lo sabía hasta ahora, ha llegado una carta reclamándola como esposa. Ni ella lo sabe.- Miré fijamente el patio, intentando calmar mis pensamientos.
-¿La señorita Misao comprometida? Valla…Eso si es inesperado.- Admitió algo sorprendido. -¿No hay forma de anular este compromiso? ¿Ni siquiera si es muy viejo, porque sus padres han muerto o ella no lo sabía?- Agregó pensativo.
-Okina dijo que solo puede deshacerse el compromiso si otro hombre le ganaba una batalla con el chico.- Le conté tanto cómo sabía al respecto.
-¿Oro? ¿Quieres que lo haga?- Dijo Kenshin con una sonrisa algo divertida.
-Solo puede ser un ninja.- Agregué serio. –Además el hacerlo sería reclamarla como esposa.- Me llevé la diestra a la cabeza, tomándomela en gesto de pensatividad. –Yo creo que aún es una niña, Kenshin, ¿Qué se supone que haga? Ni Kuro ni Shiro pueden pelear porque según Okina el chico ha sido entrenado toda su vida para esta pelea y sería mucho para ellos. Probablemente sea bastante fuerte.-
-Puede que lo sea, pero hay algo en lo que te equivocas, Aoshi.- Dijo algo más serio el samurai, mirando el patio con gesto sereno en su rostro. Alcé la mirada algo sorprendido.
-¿Qué quieres decir?- Prorrogué, no entendía a qué se refería, ¿Cómo podía estar equivocado? ¿En qué? No podía asegurar que el chico fuera fuerte o no, pero estaría preparado sin duda alguna.
-Misao ya no es “solo una niña”, Aoshi.- Volvió su mirada hacia mí y me quedé perplejo. –Ella aún no es una mujer adulta, lo sé, pero también sé que ya no es una niña pequeña. Está creciendo, y si algo puedo asegurarte es que lo que más le dolerá de todo esto es perderte.- Suspiró levemente, pude notarlo aunque mi vista estaba desconcertada, y mis pensamientos más aún.
-¿Perderme? – Repetí de forma inconciente, asimilando sus palabras.
-Si, Aoshi, ella en serio te quiere, no es solo un capricho de niña. Si así fuera ella te hubiera olvidado, pero no fue así, te esperó e incluso fue en tu búsqueda. ¿No es eso admirable?- Comentó sonriendo nuevamente, aunque mantenía algo de seriedad. –Los hombres somos más fuertes físicamente, pero nuestra mentalidad es débil y poco estable. Las mujeres tienen una resistencia emocional que les permite mantener la cordura y tomar decisiones basadas en realidades. Eso pude aprenderlo con la señorita Kaoru, gracias a su tenacidad es buena en seguir los pasos de su padre, pero también se aplica a otras cosas. Por eso creo que lo que Misao siente es impresionante- Iba explicando divertido, como si el tema en realidad no fuera tan grave, y eso me llamó la atención.
-Lo dices como si no fuera importante el hecho de que la obligarán a casarse con un extraño.-Acusé en voz fría.
-No si peleas contra ese extraño, ¿O no te crees capaz de vencerle?-
-Yo estoy retirado.-
-¿Incluso si el futuro de la única persona que te anheló durante años está en juego? Piénsalo Aoshi. Reconsidéralo. No es necesario que la tomes como esposa, pero si no vas a darle una oportunidad a sus sentimientos, por lo menos permítele que viva lo suficiente como para que encuentre a alguien más, pero que ella lo elija.- Me miró con un tono de severidad en sus ojos. No podría describir mi rostro en aquél momento, dado que todo me resultaba tan extraño no sabía bien qué decir o hacer.
Él se levantó y salió de la habitación diciendo antes que iría a buscar a Sanosuke y Yahiko para hacer algunas compras.
Por el momento necesitaba tiempo para pensar. Por que había más de una cosa en la que Kenshin tenía razón. No solo Misao ya no era una niña. Si no que también alguien más estaría en su vida tarde o temprano para alejarla de nosotros, así no fuera a la fuerza, y por algún motivo el solo pensarlo me irritaba.
Misao – Ahora o calla para siempre.
La llegada de Kaoru con Himura, Sanosuke y Yahiko rompió con la monotonía de nuestro hogar. ¡Justo a tiempo para los preparativos del festival! Pronto sería el festival de primavera de Kyoto, probablemente por eso eligieron venir a vernos en esta época, ya que ese evento siempre es con un buen clima, hay muchos puestos con comida, incluso el ambiente de la ciudad cambia por completo. Definitivamente sería muy divertido.
A penas llegaron y tras saludar a todo el mundo, me fui con Kaoru detrás de Omasu y Okon quienes irían por legumbres para cocinar la cena de bienvenida.
-¿Y ya lo has hecho, Misao?- Me preguntó Kaoru emocionada, con una sonrisa en su cara que me dejó algo pensativa por unos segundos.
-Depende a qué te refieras…- Suspiré mirando a un lado, prefería hablar de cualquier tema que me distrajera antes de recordar que no tenía el valor suficiente para decirle a mi tutor sobre mis sentimientos.
-¿Aún no te has confesado?- Volvió a interrogarme algo sorprendida. –Creí que ya estarían juntos cuando volviéramos a verlos, eres muy determinada.-
-Gracias por el cumplido, y claro que lo soy.- Sonreí confiada por un momento. –Pero, Kaoru, no es tan fácil…Lo dices como si fuera un cuento, pero con él es mucho más complicado…Le he dado pistas pero es como si las ignorara o no tuvieran significado para él.-
-¿Pistas?- Preguntó, meneando la cabeza a modo de negación. –Los hombres no entienden las indirectas, querida, debes ser clara, totalmente directa.- Me dijo guiñando un ojo segura de lo que hablaba, como si tuviera toda la experiencia del mundo, ¿Realmente sería así? No me atreví a preguntarle por su relación con Himura, realmente estaba preocupada por mí misma, ellos se veían perfectamente.
-Pero, no tengo apuro, ya se lo diré.- Le sonreí, algo más animada, aunque fuese solo fingido.
La cena de bienvenida tuvo lugar de forma animada y alegre tras el regreso de los chicos que habrían ido a ver las tiendas.
Los siguientes días pasaron tranquilamente, todas las comidas eran casi eventos alegres llenos de chistes, aunque a veces Sanosuke me molestara al mejor estilo Saito, y Yahiko le siguiera el juego, pero Kaoru y yo estábamos unificadas en las peleas verbales. Casi llegaba a ser una broma familiar.
Sólo faltaba un día para el festival, por lo que Omasu decidió ir de compras para conseguir algunos kimonos nuevos para todas. Al parecer lo que tramaba era una salida de chicas, no me agradaba la idea de irme toda la tarde lejos de Aoshi, pero entre el mínimo contacto que compartíamos y aprovechar la tarde con mis compañeras Oniwabanshu y la visita de Kaoru, decidí ir.
Kaoru daba un paseo con Kenshin por la ciudad, no me extrañó que quisieran un tiempo a solas. Okon y Omasu arreglaban el lugar, y mientras yo me aburría en la espera de que las demás terminaran con sus qué haberes para salir de compras, decidí ir a ayudarles, pero Okina me llamó para hablar conmigo.
Me extrañó la repentina seriedad con la que redirigió hacia mí.
Sin más rodeos me acerqué a él, siguiéndolo hasta el comedor, dónde no había nadie, ni siquiera Kuro o Shiro, lo cuál me extrañó.
-Misao…Antes que nada, lo siento mucho, mi niña…- Se disculpó mientras se sentaba enfrente mío.
-¿Qué sucede, abuelo?- Pregunté completamente confundida.
-No sé cómo explicarte esto…- El viejo se tomó la cabeza con disgusto.
-Sólo dime qué pasa, Okina, ¡Me pones nerviosa!- Exclamé ya algo molesta, exaltándome al punto de saltar de mi asiento.
-Bien…Misao, no lo sabías porque hasta ahora nunca tuvo relevancia, y ni siquiera pensé que fuese a concretarse realmente. Pero cuando naciste…- Se quedó mudo por unos segundos, y yo, perpleja sin saber qué pasaba. -Fuiste comprometida y dentro de poco el hombre con el que acordaron te unirías vendrá para desposarte.-
Mi mente quedó en blanco, mi corazón se paró.
-¿Cómo?- Pregunté atormentada. -¡¿Cómo es que nunca supe nada sobre esto?!- Me quejé escandalosamente. Pude escuchar ruidos detrás nuestro, había alguien más.
-Lo siento, Misao…En verdad no sabía que ellos seguían vivos, pensé que este asunto había quedado en el olvido.- Se disculpó nuevamente Okina.
-¡No puedo haber estado comprometida más de dieciséis años sin saberlo! Esto es injusto, ¡Totalmente injusto! Ni siquiera sé quién es.- Iba quejándome cada vez más fuerte, el volumen de mi voz ya no podía controlarlo. La angustia en mi pecho se apoderaba de mí, la desesperación me consumía.
Las manos de Omasu y Okon se hicieron en mi espalda, abrazándome una de ellas por detrás y la otra sosteniéndome una mano para calmarme, aunque estuvieran tan o más sorprendidas que yo.
-Tranquila, niña…- Me susurró Okon, su voz era tan tenue que logró mantenerme en mi lugar por un momento, suficiente para darle lugar a que mi vista se volviera nublosa y húmeda.
-Pero yo…No. Yo no quiero a otra persona…- Casi rompería en llanto, pero no debía hacerlo. Debía pararlo, tenía que ser fuerte.
-Hallaremos una solución. Quédate tranquila. Además…Ellos no están en Japón ahora mismo, así que puedes estar tranquila. Ve y disfruta del festival.- Me dijo Okina, casi rogándome. Pero cómo podría olvidar el asunto….
-Vamos, Misao…Vamos a prepararnos para salir, pronto llegará Kaoru.- Me ayudaron a levantarme, y en el camino hacia mi habitación me pidieron queme calmara e intentara disfrutar de estos días mientras ellos buscaban una solución.
Llegó Kaoru con Himura, e intenté sentirme más calmada para salir con ellas, pero mi mente estaba en otro lado.
Mientras caminábamos por las calles de Kyoto, y las demás hacían de cuenta que nada pasara, aunque realmente así era para ellas, pero para mí no. ¿Cómo iba a hacer para vivir toda la vida con un hombre que ni siquiera conozco? Yo no quería otra persona, yo ya tengo el corazón ocupado por alguien más. Duele, duele demasiado el no poder ir corriendo a decirle lo que siento sin importar cuál sea su respuesta, porque en realidad si importa la respuesta. Pero no tenía tiempo para eso.
¿Qué sucedería si los Oniwabanshu no encuentran solución y debo casarme con esa persona? Mi cuerpo sería entregado a otra persona, pero mi corazón solo sería suyo, solo sería de Aoshi…Sin importar qué.
Me hicieron probar muchos kimonos, pero al final dejé que Omasu decidiera por uno para mí, la verdad no estaba de ánimos para esas cosas.
Volvimos al Aoiya cerca del anochecer, se me terminaba el día, por lo que, definitivamente hoy no le diría. No me quedaba tiempo.
Durante la cena, jugueteé con la comida un rato, pero tenía el estómago duro con un nudo imposible de desatar. Finalmente, mi mirada ausente volvió para disculparme y levantarme de la mesa.
-Discúlpenme todos, pero no me siento bien, me iré a acostar.- Me levanté de la mesa con un gesto de disculpa. –La comida ha estado de lo mejor.- Agregué para que no pensaran que no me gustó lo que Habían preparado.
-¿Estás bien, Misao?- Escuché la tenue y preocupada voz de Kaoru sobresaliendo del silencio acusador de aquellos que no comprendían, y hasta podía sentir las miradas cómplices de quienes entendían qué pasaba.
-¿Quieres que te acompañe?- Dijo Omasu, tan protectora y cariñosa como siempre, en verdad debí agradecerle eso. Suspiré para mí misma para recobrar fuerzas y no romper en llanto. Aoshi ni siquiera parecía interesarle mi repentino mal estar, ¿Él sabía sobre esto? ¿No le importaba? ¿Porqué debía hacerlo más doloroso?
-No, estoy bien. En serio. Solo estoy cansada.- Expliqué, volviéndome hacia ellos para sonreírles.
-Ve a acostarte, niña, ha sido un día largo.- Dijo Okina con voz comprensiva. Asentí con la cabeza y me fui a dormir.
Mi cuerpo calló desmoronado sobre el futón al entrar a la habitación. Completamente desconcertada y sin saber qué hacer, dejé caer unas pocas lágrimas para desahogarme antes de consumar el sueño, pero este me ganó quedando inconciente cuando menos lo noté. Deseando que todo terminara con el día.
Al amanecer, lo sucedido el día anterior solo parecía un mal sueño. Pero dolía tanto el darme cuenta que el problema seguía vigente, que solo recién empezaba. Pero lo primero lo primero. Debía decirle a Aoshi de mis sentimientos antes de que fuese demasiado tarde para mí.
Me levanté de la cama, a decir verdad, bastante tarde, ya eran casi pasado el medio día. Me habían dejado dormir mucho, ¿Tan exhausta me habían visto?
El resto del día ayudé a Okon con la casa, mientras que Omasu con Kaoru preparaban los vestidos y varios para el festival de la noche. Toda la tarde estuve ausente, pensando y considerando cómo confesarme. No estaba segura de hacerlo ese día, habría demasiada gente. Pero también podía que eso me dé la oportunidad de perdernos unos minutos.
Finalmente, todos comenzaron a prepararse para el evento, apenas estaba cayendo el sol, pero ya se podían escuchar varios sonidos desde la calle, toda la ciudad se estaba preparando para esto.
-Vamos, Misao, sé más animada, la pasaremos bien hoy.- Intentó convencerme Kaoru mientras me ponía mi kimono desganada.
-Lo siento, intentaré estar más anímica.- Me disculpé.
Salimos todos juntos. Todas las chicas llevábamos un kimono de color diferente. El de Omasu era lila, el de Okon rojo, Kaoru llevaba uno amarillo y yo uno celeste. Para mí no era nada especial, probablemente por mi preocupación, pero ellas parecían muy emocionadas al respecto.
Los demás llevaban yukatas también de diferentes colores, pero ni siquiera me tomé el trabajo de ver cuáles.
Llegamos al centro de la ciudad, dónde la feria se extendía por varias cuadras a la redonda. Las arboledas cercanas estaban completamente adornadas de luces, al igual que las casas, los puestos, y demás arquitecturas.
Nos íbamos dividiendo en grupos para ver todos los puestos. Algunos, como Kuro, Shiro, Yahiko y Sanosuke fueron directamente a los puestos de comida. Sin embargo no encontraba momento o lugar de hablar con Aoshi. Hoy tampoco sería. Pero… ¿Cuándo? ¿Cuánto tiempo me quedaba? Después de todo, solo había asistido por la oportunidad de confesarme, pero no podía. No me alcanzaba el valor. Incluso mi pecho ya dolía de lo fuerte que latía mi corazón, mi cuerpo era muy frágil para soportar tanto dolor.
Comencé a sentirme mareada, la preocupación estaba apoderándose de mi cuerpo, ya ni siquiera ame dejaba caminar correctamente.
-Abuelo…- Tiré de una de las mangas de su yukata. Aprovechando que las demás chicas no estaban cerca, ya que de otro modo hubieran impedido cualquier cosa que quisiera hacer. –No me siento bien, me iré a casa a acostarme.- Le dije con la mirada ausente.
-No te ves bien, cariño…Te acompañaré, ¿Si?- Asintió, poniendo una de sus manos en mi frente corroborando que no tuviera enferma. -No tienes fiebre, probablemente sea solo un resfriado o algo así.- Concluyó ignorando la posibilidades de que el hecho que estaba comprometida fuera algo menor.
-Estoy bien, no hace fal- Me vi interrumpida por una voz más grave y serena.
-Yo la llevaré, Okina.- Escuché a Aoshi en mi espalda. Me quedé muda, sin saber qué hacer. Okina no se opuso, solo asintió con la cabeza y se dio vuelta.
-Le diré a los demás que está todo bien. Vallan.- Dijo por último antes de que Aoshi se diera vuelta en sentido contrario, dirigiéndose hacia el Aoiya.
Le seguí en silencio hasta salir de la multitud. Cuando hubo menos de ruido entonces escuché sorprendentemente su voz.
-Nunca vistes kimono. ¿Les costó mucho convencerte?- Él había notado cómo mi vestimenta salía ser una versión más cómoda del uniforme Oniwabanshu, nada femenino en verdad.
-En realidad yo quería lucir así…Incluso si no lo notabas.- Bajé la mirada, aunque sabía que él no me miraría. Mi respiración jadeó un poco en el intento de calmar mi corazón que furiosamente latía.
No hablamos mucho más hasta llegar a casa, yo caminé directamente a mi habitación algo apurada, no sabía qué hacer. Ahora si estábamos solos pero no estaba segura de tener el valor.
Me quité el kimono con apuro y me puse mi ropa común para estar más cómoda. Salí de mi habitación y me quedé parada en el oscuro pasillo intentando deducir por los sonidos si Aoshi aún estaba despierto o no. Él era tan sigiloso que la verdad me era imposible saberlo, por lo que, sin pensarlo para no arrepentirme, toqué la puerta de su habitación. Él no contestó, solo abrió la puerta y quedó mirándome con expresión seria y dura, como siempre.
-¿Sucede algo?- Preguntó en el tono neutral que acostumbraba usar. El no saber si le molestaba o no en aquél momento dolió como un puñal aunque normalmente no me importara.
-Este…Quiero hablar contigo, ¿Puedo?- Le dije en voz baja, como si alguien más pudiera oírnos. Él se hizo a un lado para dejarme pasar y así lo hice. Me quedé parada junto a él quién esperaba que hablara.
-No sé si Okina te lo habrá dicho pero…Pronto deberé casarme con un hombre quien firmó un trato con mis padres.-
-Lo sabía.- Afirmó él, sorprendiéndome. Lo decía tan natural que incluso me molestó, ¿Acaso no le importaba? Eso solo empeoraba mi angustia al respecto. Mi mirada se quedó perpleja en su rostro frío.
-Bueno, en ese caso yo…quisiera pedirte algo.- Volví la mirada hacia el piso. –Puede que te parezca una estupidez…Pero…- Alcé levemente la mirada y le encontré mirándome curioso. -¿Podrías abrazarme?-
Él se quedó mirándome con expresión de confusión, ¿Acaso no son obvios mis sentimientos? ¿Por qué no podía gritarle cuanto lo amo y listo? ¿Por qué no era así de fácil?
-Esta bien si no te importa.- Me mordí el labio inferior conteniendo mis ganas de llorar, gritar y morir en aquél preciso momento.
Sentí un repentino calor abrazándome, cubriendo mi cuerpo de forma casi protectora. Levante la mirada para encontrarme, sorpresivamente, a Aoshi tomándome por los hombros hasta llevarme a su pecho, dónde me aprisionó contra este con sus brazos.
-Si me importa.-
Todo quedó en silencio por un momento. No pude decir nada, solo dejé que mis brazos respondieran, abrazándolo tanto como pude. Tan fuerte como mi fuerza me dejaba, no quería separarme nunca de él.
Aunque no había confesado mis sentimientos, confiaba con que lo entendiera. Y sabía que para él este abrazo no tendría el mismo significado, pero aún así, lo atesoraría…












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