Dolce Inferno: PdE 3
_Ni se te ocurra moverte_Le ordenó una siniestra voz. Le mostró el filo de un sable cuya hoja era negra y la acercó hasta posar delicadamente el frío metal con su cálida garganta. Amara miró de reojo y con curiosidad los extraños caracteres rojos que aparecían y desaparecían del arma.
_Yo que tú la guardaría donde quiera que la hayas sacado_Respondió tranquilamente. Notó como el demonio agarraba aún con más fuerza la empuñadura obligándola a clavarse contra la piel, arañándola.
Fue instantáneo. En el momento en que una sola gota carmesí resbaló por su cuello, un enjambre de abejas asesinas se arrojó contra el agresor. A éstas le siguieron las avispas y demás insectos, las aves y toda la naturaleza en sí misma parecía querer defender al ángel.
Cuando se pudo librar de todos y ya había recompuesto su imagen, volvió a girarse hacia Amara. Se había puesto en pie y le sonreía satisfecha.
_La naturaleza es sabia.
Él estaba cabreadísimo y esa actitud tan arrogante por parte de una insignificante muchacha le molestaba aún más.
_¿Por qué te molesta tanto que sonría?
<<Insolente>> _Has arruinado mi trabajo._ Ya parecía haber recuperado parte de su serenidad.
_¿Y de qué servía que destrozaras este lugar?
_No necesito motivos para aplastar unos insignificantes insectos. _El rostro de la chica pareció entristecerse.
_Entonces los demonios tampoco sois libres.
_¡Cállate zorra!
No la dio tiempo a esquivarlo.Cuando quiso apartarse ya lo tenía encima. Los dos cayeron rodando ladera abajo. Cuando pararon de girar el demonio se alzó victorioso sobre el cuerpo de la joven. A ella todavía le daba vueltas la cabeza. El pelo se la había soltado y ahora era una maraña de hilos dorados mezclados con hierba. Y decidió hacer lo que sabía que más le iba a molestar: le sonrió.
Él la podía haber abofeteado, la pudo haber violado o simplemente matado.
Pero en lugar de eso permaneció contemplándola en silencio.
_¿No me odias?_ Se atrevió a decir finalmente. Lo dijo muy rápido y suave, como si le diese vergüenza.
_¿Cómo?
_Me has oído perfectamente._ Esta vez sacó un puñal de algún lado de su camisa y la volvió a amenazar.
_No puedo odiar a nadie y menos sin ningún motivo. ¿Por qué te sorprende?
Finalmente decidió volver a guardar su arma. _Cuando alguien me ve ,o huye, o intenta matarme.
Amara se fijó detenidamente en él. Tenía la piel oscura en la cual destacaban unos ojazos grises que la habían sobresaltado antes, pero ahora los encontraba fascinantes. Dos ojazos que se empeñaba en ocultar tras una capa de fino y brillante cabello negro pero aunque gracias al viento que los agitaba elegantemente, quedaban al descubierto. Iba completamente vestido de negro, al igual que sus uñas y el maquillaje que remarcaba aún más esa enigmática mirada.
Cuanto más le observaba, más entrecortada se hacía su respiración. Y él lo notaba debido a la proximidad a la que estaba echado contra ella. Percibía cada movimiento por parte de ella,como su pecho subía arrimándose más a su cuerpo y volvía a despegarse. Y ella intentaba detener los latidos de su corazón que se habían disparado desde que él la estaba agarrando para mantenerla tendida bajo él. Ambos podían sentir la respiración del otro. El aliento de él era fresco y agradable mientras que el de ella era suave y dulzón. Amara pareció sentir que algo se tensaba sobre su vientre pero no estaba muy segura de si se trataba sólo de su imaginación. No pudo evitar reírse para sí mima cuando apreció una flor que se le había quedado en el pelo acabando con su aspecto de tipo duro. Soltó una enorme carcajada.
Él la miraba desconcertado pero ella no paraba de reír. Le quitó con dulzura la flor para que lo entendiese. Él nunca lo hubiese reconocido pero también encorvó la comisura de sus finos labios. Tenía que reconocer que para ser un ángel era tremendamente atractiva. Y lo corroboró cuando despegó su mirada del rostro de ella. El vestido se la había descolocado enseñando más de lo que a ella le hubiese gustado, pero no parecía haberse dado cuenta de ese glorioso detalle. Comenzó a acariciarla como si ella fuese un objeto muy valioso y delicado. Le encantaba provocar todo tipo de sensaciones a las mujeres.Permanecieron un buen rato así, pecho contra pecho y exalando el aliento del otro. Sus manos cada vez se acercaban más a la zona sagrada y ella no parecía hacer nada por detenerle; de hecho por la forma en que le miraba ,parecía que le estaba suplicando que continuase. Pero sabía que no debía continuar. Se puso en pie y le tendió su mano para ayudarla a incorporarse. Ella parecía haberse quedado muy confusa.
_Es una pena que las niñas como tú sólo penséis en pajaritos y mariconadas de ésas. Si vinieras conmigo te enseñaría tantas cosas,iríamos a tantos sitios...y así tu cerebro espabilaría.
_Es una pena que los tíos como tú se empeñen en ir de duros y luego se ablandan con una niña tonta como yo.
_Tenías razón ¿sabes? Los insectos son insignificantes para mí, por lo tanto no pueden molestarme. Pero he notado tristeza en ti. ¿Acaso no eres feliz?
_No es eso..._ La pregunta la había cogido por sorpresa._ Es simplemente que el mundo está mal. Yo quiero solucionarlo pero...
_...Pero nadie te entiende_Concluyó él. _Sientes que nadie te comprende, que no encajas en este mundo. Piensas que si desaparecieras nadie lo lamentaría, al contrario, lo celebrarían.
_En realidad sí...sí que hay alguien que le entristecería..._ Se acordó de Nathan que la estaba esperando y se sintió sucia. Por el gesto que hizo el demonio tuvo la sensación de que le había leído el pensamiento.
_¿Sueles venir mucho por la Tierra?_ Se interesó él.
_Mis misiones no suelen ser en la Tierra...pero dentro de poco comienza el entrenamiento(qué surrealista era esta conversación) así que nos harán luchar contra demonios de verdad...
_Contra demonios no creo, si acaso contra diablos._ Ésta le miró interrogante pero no la hizo caso y siguió hablando._ Entonces ten por seguro que nos volveremos a ver.
Se miraron intensamente durante unos segundos y finalmente, desapareció, dejando solamente un rastro de plumas negras. Extendió las manos para coger una pero en cuanto la alcanzó se desvaneció también.
Este día sí que había sido interesante. Todavía podía sentir las caricias en su cuerpo. Se estremeció por enésima vez. Y aunque lamentaba tener que dejar su cuerpo material que tantas emociones albergaba, sabía que tenía que volver antes de que enviasen un escuadrón a buscarla. Y tras u fugaz destello de luz ya no había nadie en ese pedacito de tranquilidad.
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Prólogo:
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Para saber más
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